VAYAS ADONDE VAYAS, el podcast audiovisual de Pipe Stein, de la mano de El Espectador Deportes, Magnolio Podcast y Pardelión. Un ciclo que profundiza en 10 historias de amor, el sentimiento que genera la pasión por el equipo de fútbol de reconocidas figuras del Río de la Plata.
Nico Stanham, amigo de toda la vida, sabe que me gustan mucho los podcasts y que escribo esta columna. También sabe que el fútbol no es lo mío, a pesar de que varios de mis amigos más íntimos son fuboleros (sin la t).
Para ilustrar mi relación con el fútbol: soy de Nacional, pero solo por si me preguntan. Porque acá, en Uruguay, todo el mundo te pregunta: ¿de qué cuadro sos? Así que tengo una respuesta de cassette a esa pregunta que nunca demora en llegar. Ahora, si tras esa interrogante vienen otras, no puedo ocultar que soy de esos bichos raros que no tiene idea de cuándo juega su cuadro, ni por qué compite, ni quiénes son sus jugadores. Es que, realmente: no me interesa.
Esa indiferencia es la que no me permite entender muchas cosas. No logro entender por qué el humor de mis familiares y amigos más fanáticos está condicionado al resultado del último partido. No puedo comprender -y hasta me genera rechazo- cómo hay quienes pueden putear a un árbitro con tanta vehemencia delante de sus hijos. También hay debates, discusiones, que me resultan ni más ni menos que inverosímiles. Por ejemplo: ¿a quién le puede importar qué equipo se fundó primero, o hace cuánto? La realidad me muestra que a mucha gente. Y para mi asombro e incredulidad, la polémica se reedita infinitamente.
Aun así, sabiendo que el fútbol es un código que no es el que usamos para comunicarnos entre nosotros, Nico me recomendó este podcast. “Qué raro…”, pensé.
De no haber sido recomendado por un amigo que me conoce tanto, es muy poco probable que le hubiera dado play. Pero me animé: primero escuché la entrevista a Gustaf. Y me gustó mucho. No supe bien por qué. Capaz porque Gustaf es de esas personas que me hacen reír, aunque no digan algo en sí mismo gracioso. Podía ser. Pero no. Algo más había.
Dice Pipe Stein en el programa radial Fácil Desviarse, de Juanchi Hounie y Diego Zas: “Cada club tiene su épica, cada club tiene su historia, ¿no? Y cada club tiene sus sueños y sus logros y cuenta sus maravillas. Y finalmente, a mí lo que me gusta rescatar es lo que le pasa a cada hincha, ¿no? Que finalmente nos pasa a todos un poco lo mismo. Algo nos lleva hasta ahí. Algo que nos emociona nos lleva hasta ahí y nos conmueve.»
Emoción. Algo que nos lleva hasta ahí. Algo que nos conmueve. Empecé a conectar. Porque con el fútbol no logro conectar, pero con ese “algo que nos lleva hasta ahí”, a lo que me conmueve: sí. Pero, ¿qué es ese algo?
En la misma entrevista en Fácil Desviarse, comenta PS: “Incluso me pasó una cosa muy linda, ¿sabés? Que gente que no es futbolera me dijo: «Me encantó». Porque hay que estar una hora hoy en día (…) Me dice: «Mirá, acabo de estar una hora viéndolo porque me gustó.» Y por otro lado, ver gente que se apasiona con el tema. Pero no es que yo me apasione con Defensor. Yo me apasiono con la temática.«
Me vi reflejado. Es lo que me pasó a mí al procurar entender cuál es esa temática. Escuché los episodios con Gustaf, Pichu Straneo y Rafa Cotelo. Más de una vez. Reconozco que tengo una inclinación por escucharlos porque sé que me van a poner sonrisas en la cara, cuando no carcajadas. Y así fue. Pero no fue eso lo que me llamó la atención.
Recurrí a los videos de las entrevistas. Quería ver el lenguaje corporal de los tipos. Qué decían con sus gestos, con su mirada. Y poco a poco me fui dando cuenta de que las partes que más me atraparon fueron en las que el humor no era protagonista. Lo que más me atrajo fue la autenticidad y el orgullo con el que hablaban de sus colores y de lo que representan para ellos. Es esa la temática con la que se apasiona Pipe Stein.
Me propuse entender un poco más del entrevistador. Fue ahí que encontré la entrevista en Fácil Desviarse, pero también otra que le hizo Daniel Castro en 2022. En esa conversación, mucho antes de la concepción de Vayas Adonde Vayas, Pipe Stein parece explicar cómo fue que llegó a exponer lo que conmueve tanto a sus entrevistados como a sí mismo.
PS: «Porque finalmente, se trata de las preguntas. (…)»
DC: «¿Y sabemos hacer preguntas?»
PS: «Yo sí. Vos también. Todo el mundo no. (…) Básicamente, nosotros, para entender qué trabajo tenemos que hacer, tenemos que hacer una exploración casi periodística. De las preguntas… La gente muchas veces sabe lo que te quiere pedir, pero mucha gente a veces lo descubre en ese diálogo. En las preguntas finalmente…”
Caí en la cuenta que detrás de Vayas Adonde Vayas había una exploración profunda e intencional, conducida por un entrevistador que sabe preguntar, sobre algo que va mucho más allá del fútbol. La verdadera temática -lo que me hizo darle play una y otra vez a estas entrevistas- no es el fútbol.
“Porque finalmente es fútbol, pero es otra cosa”, dice PS en conversación con Gustaf. “Yo soy Defensor. Defensor es mi viejo, es mi familia. (…) Esto pasa por ahí, y a todos nos pasa más o menos lo mismo. (…) ¿Qué le pasa al tipo con Fénix? ¿Qué belleza encuentra en el parque Capurro donde mucha gente quizás no encuentre cuál es la magia?»
Es fútbol, pero es otra cosa. Va mucho más allá de la victoria o la derrota que condiciona el estado de ánimo de toda una semana. La incoherencia que no logro entender reflejada en el insulto a un árbitro delante de niños por parte de padres que en sus casas pretenden enseñarles que no está bien insultar, es solo una muestra, que obviamente no me representa, de algo mucho más profundo.
Estas entrevistas están llenas de pasajes donde queda de manifiesto que el fútbol no es ni remotamente tan significativo como lo que genera. Esa magia de la que habla PS.
«Maturana decía que el fútbol no existe. Es como un puente». Dice Gustaf. «Yo siempre sostengo…que no importa la clase social. Porque capaz que en otro barrio es el club de rugby. ¿Me entendés? Puede ser un club de fútbol, un club de bochas, un club de básquetbol, un club de cricket, vas a hacer squash (…). Es la pertenencia. El motor, viste de… y hoy ¿qué va a pasar con nosotros? ¿Qué pasa con nosotros que somos de acá? … No importa qué barrio sea, ¿viste? «Somos nosotros». Finalmente es la identidad.»
En la superficie podrá ser fútbol o podrá ser cualquier otra cosa. Pero la raíz es mucho más profunda. Es sentido de pertenencia. Es familia. Es nuestra identidad.
También es una forma de comunicarse, de compartir. Dice Rafa Cotelo respecto del rol de Cerro en su relación con el padre: «Luego de unos cuantos años de ir juntos a verlo, y también de terapia, logré darme cuenta (me demoré pila igual, ¿no?), que Cerro en algún punto representaba y significaba mi papá y mi vínculo con mi papá. (…) Porque es la forma que también mi viejo encontró de decirme cosas… Hasta el día de hoy nosotros nos decimos y nos expresamos, manifestamos amor, a través de Cerro generalmente. O si alguno trastabilla, y se equivoca, y expresa amor de otra manera, enseguida volvemos a Cerro.»
El ejercicio de escribir esta columna incluyó un esfuerzo considerable por no citar muchas anécdotas y recuerdos que comparten los entrevistados. Pero hubo uno que me resultó particularmente gráfico.
Gustaf: «(…) la primera vez que fui a ver a Fénix con mi padre…fue la primera vez que lo vi desencajado… Tendría 4 años y veo una cosa como exacerbada, violenta, agresiva.»
PS: «¿Te asustó?»
Gustaf: «Me asusté mucho…y mi padre estaba gritando un gol. Un gol del Feni.»
Esa anécdota me permitió identificar y distinguir lo que me genera indiferencia de lo que realmente me importa y me conmueve. El contraste tan notable entre la violencia y el desencaje, por un lado, y el amor más auténtico y apasionado por otro, representado en un grito de gol. Mientras escribo estas líneas, me acompaña Juanchi, mi hijo menor, que tiene casi cuatro (les comparto foto sacada en el mismo momento en que escribo este párrafo). Me cuesta creer que a sus cuarenta y largos se vaya a acordar de algo tan nítidamente como Gustaf se acuerda de esa vivencia. Así de removedor tiene que haber sido.

El fútbol en sí mismo no me genera emoción. Pero es imposible no conmoverse con lo que representa como vehículo de manifestación de amor entre un padre y un hijo, y como símbolo de esa relación tan especial. Si Nacional gana o pierde, en sí mismo no me importa. Pero sí es digna de mi respeto y atención la pasión que despierta en quienes quiero. Porque el fútbol puede no apasionarme como a otros muchos, pero mi familia y amigos sí.
Difícilmente me vea tentado a ver más fútbol después de escuchar este podcast. Pero lo que sí puedo asegurar es que ahora entiendo un poco mejor qué es lo que representa. Puedo entender por qué es relevante discutir qué equipo es más antiguo, o por qué gente racional hace cosas irracionales y hasta repudiables. Porque no es fútbol. No es ganar o perder en un juego. Se trata de representar, defender y proteger algo tan esencial como nuestra propia identidad y nuestros afectos más profundos.
A los fuboleros y a los que no, les recomiendo este podcast. Que es de fútbol, pero es de otra cosa. Porque el fútbol no existe. Somos nosotros.
P.D.: Rafa Cotelo menciona un cuento de Eduardo Sacheri titulado “El cuadro de Raulito”. Se los recomiendo, y les comparto un pasaje que parece escrito para el podcast:
“(…) Uno puede decir que es de muchos cuadros. Uno puede cambiar de idea varias veces. Sobre todo, si abundan los tíos y los primos grandes, dispuestos a comprar con pelotas y camisetas la fidelidad de un corazón novato. Pero una vez que uno llora por un cuadro, la cosa está terminada. Ya no hay vuelta. No hay caso. De la alegría se puede volver, tal vez. Pero no de las lágrimas (…). La suerte está echada. Nosotros acá, el resto enfrente. Algunos más amigos, otros menos. Pero de este lado nosotros, los de acá, los que no tenemos en común, tal vez, victoria alguna, pero que compartimos las lágrimas de un montón de derrotas.»
https://www.don-patadon.com/2018/01/el-cuadro-de-raulito-de-eduardo-sacheri.html
Por cierto, Eduardo Sacheri es el autor del libro en que se inspiró la película «El Secreto de sus Ojos«. Tal vez la escena más recordada de esa película, es aquella protagonizada por Darín y Francella donde hablan de la pasión.
«El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín. No puede cambiar de pasión.»



