Tuhinga podcast
Juan José Grande
Por José Juan “Seju” Gari
Un día, leyendo esta revista, se me ocurrió sugerirle a su editor, Nacho Naon, que incluyera una columna de podcasts.
La respuesta fue algo así: «Buena idea. ¿La escribís?»
Qué ingenuidad la mía. Era obvio que me la iba a devolver. Pero no me podía echar para atrás. Además, la idea me atrajo. Me encanta escribir, pero no suelo hacerme el espacio para hacerlo. La invitación -o más bien el pedido- de Nacho se presentó como una buena excusa para obligarme a escribir.
Así que accedí. Con dudas, porque en general, antes de embarcarme en cualquier nuevo emprendimiento que implique dedicarle tiempo para hacerlo razonablemente bien, me suelo frenar. Pero acepté. Aquel intercambio de mensajes fue hace más de cinco años. Parece mentira.
Muchas columnas después, acá sigo escribiendo y aprovechando el espacio para despuntar el vicio, que cada vez disfruto más. Si bien el contenido y la forma han ido variando, el factor común es que siempre llegamos raspando a la fecha límite. O más que raspando, nos la llevamos puesta. Pero salvo alguna vez en que tuve que desistir porque realmente no llegaba con algo presentable, por suerte siempre me esperan.
En las primeras recomendaciones sentí que tenía que sugerir varios podcasts de una vez. Con el tiempo empecé a elegir uno solo, pero a cambio profundizar un poco más. Algunas de las columnas que escribí tiempo atrás directamente no me gustan. Otras sí, e incluso las releo de vez en cuando porque, además de gustarme, me sirven para repasar conceptos.
Pese a que ya he escrito sobre una buena variedad de podcasts, y a la creciente e inabarcable oferta que hay disponible, hace algún tiempo que no pruebo con podcasts que no haya escuchado antes. Salvo alguna recomendación puntual que me han hecho, tiendo a quedarme con los que ya sé que me interesan. Además, sigo usando los podcasts como compañero de entrenamiento y en el auto, pero menos que antes. Por lo tanto, cuando me propongo escuchar uno, suelo elegir aquellos que de antemano sé que me van a gustar.
Entre mis favoritos conservo algunos links a mano para volver a escuchar. Porque, como me pasa con los libros que leo, algunos me resultan interesantes por las circunstancias del momento. Pero hay otros que, no importa cuándo los escuche, me parecen espectaculares.
Uno de ellos es la entrevista que le hizo Agustín Güemes a Juan José Grande en Tuhinga Podcast.
Hice referencia a este podcast en mi primera columna, publicada en la edición 3 de la revista:
https://oldboysmagazine.com/numero-3/podcast/
Tuhinga podcast. Este es un ejemplo de un podcast que no necesariamente lo hace alguien de renombre, pero no por ello deja de ser excelente. El conductor de este podcast es un argentino que se llama Agustín Güemes. Sé poco y nada de él: es entrenador de rugby y casualmente conozco a su padre que nos visitó en el Club cuando jugamos vs CUBA de Buenos Aires hace algunos años y quedamos en contacto por ser colegas y tener un amigo en común. A pesar de no ser particularmente popular, el conductor evidentemente es un fanático del aspecto mental en el deporte y en la vida. Les recomiendo las entrevistas a Juan José Grande (quien fuera psicólogo de los Teros en el pasado mundial de Japón) y a Coco Oderigo (uno de los fundadores del equipo de presidiarios argentinos denominado Los Espartanos).
Al momento de escribir esa columna, en 2020, todavía resonaba el eco de lo que fue la victoria de los Teros sobre Fiji en el Mundial de Rugby de 2019.
Lo que recuerdo con más claridad de aquel entonces es la convicción que tenían los jugadores de Old Boys que eran parte de ese plantel. Recuerdo intercambios con ellos en la previa al Mundial, y tengo muy presente lo convencidos que estaban de que le iban a ganar a Fiji.
Parte de sus relatos previos incluía detalles del proceso que estaban haciendo: lo duro que estaban entrenando, cómo pasar a entrenar en la mañana les había elevado el nivel de los entrenamientos, la importancia del descanso, la nutricionista, la preparación mental, los entrenadores extranjeros, y algunos etcéteras que daban cuenta del proceso integral, minucioso y especialmente a conciencia que estaban haciendo con el objetivo de «shockear al mundo».
Si bien era admirable el foco que tenían, la mayoría de quienes seguimos el rugby más o menos de cerca pensábamos que lo que se proponían era casi imposible. Sinceramente, para mí era, lisa y llanamente, delirante. En otras palabras, el sacrificio que estaban haciendo era enorme, y realmente se merecían lograrlo, pero el objetivo que se planteaban me sonaba quijotesco.
Incluso ahora me resulta difícil de creer. Y no me culpo, ni siquiera con el diario del lunes. Tan es así que, buscando publicaciones en internet de aquel entonces, me encontré con un video de los highlights del partido.
Presten atención a la entrada a la cancha de los dos equipos. El capitán de Fiji le saca una cabeza a Juan “Garrafa” Gaminara, el capitán de Uruguay. También parece el doble que los uruguayos que vienen atrás.
Pero el sacrificio que habían hecho para perseguir su utopía era demasiado grande como para que alguien de afuera les dijera a ellos que estaban de espaldas a la realidad. Sentía que plantarles una mínima semilla de duda en su conciencia hubiese sido hasta irrespetuoso. Por eso, recuerdo proponerme hacer un esfuerzo por evitar compartirles mi parecer a quienes viajaban.
Ese Mundial se disputó en Japón. No recuerdo a qué hora transmitían los partidos en Uruguay, pero ninguno era cómodo por la diferencia horaria. Todos eran de madrugada, y el debut de los Teros no era la excepción. Entre el esfuerzo que implicaba verlo en directo, con el hecho de que para mí la probabilidad de una victoria era prácticamente nula, confieso que ni amagué a poner despertador para verlo en vivo. Es más, me acuerdo de haber pensado que prefería ver el resultado al despertarme y mandarles un mensaje de aliento a los jugadores del Club post derrota. Quería evitarme el sufrimiento, y desde Montevideo tampoco había nada que pudiera hacer para ayudarlos.
Me desperté al otro día con la sorpresa y la alegría de que habían logrado lo imposible.
Tuve una linda sensación al pensar «cómo me taparon la boca estos tipos«. Vi el partido apenas pude y me emocioné hasta las lágrimas. De postre vi las declaraciones de Garrafa, haciendo gala de una combinación de autenticidad y claridad conceptual que solo los más grandes pueden tener en un momento de tan alto voltaje emocional. Un verdadero fuera de serie, a quien quiero mucho y con quien tuve el privilegio de compartir cancha.
Creo que son contadas las veces que alguien logra «vaciarse» por una causa. Y si eso ya es difícil a nivel individual, mucho más lo es que lo haga un grupo. Ese equipo trabajó para estar dispuesto a dejar el alma en la cancha y, evidentemente, lo logró. Y mucho más allá del resultado -que, por cierto, consagró ese sacrificio-, incluso si no se hubiera dado no habría cambiado el hecho de que dejaron absolutamente todo lo que tenían. Y eso, en sí mismo, es un logro dificilísimo de alcanzar.
La admiración que me genera ese nivel de entrega y desempeño hizo que me interesara por entender cómo se habían preparado para lograrlo. Sin duda había horas infinitas de entrenamiento y dedicación, pero es inevitable pensar que hubo algo más.
Seguramente hubo muchos factores, pero uno de los que mencionaron todos los jugadores del Club que fueron parte de ese equipo fue el psicólogo deportivo, Juan José Grande. Y así fue como llegué a esta conversación en Spotify.
Lamentablemente, Juan José Grande falleció en el 2023. Buscando otras entrevistas suyas no encontré demasiado material en internet. Eso vuelve todavía más valioso este podcast, que difícilmente encuentren por casualidad por no formar parte del mainstream de podcasts en Spotify (a falta de otra terminología que tal vez exista y desconozco).
Grande trabajó con los Teros en ese Mundial de Japón, pero también acompañó a otros gigantes del deporte. Entre otros, acompañó al primer equipo argentino que ganó la Copa Davis en 2016. También trabajó con La Dolfina, equipo multicampeón del Polo argentino. Es decir, lo de los Teros no fue el único logro en el que tuvo algo que ver. Difícilmente sea casualidad.
También tuvimos la suerte de que nos diera una charla virtual al plantel superior de rugby de Old Boys en abril de 2021, año en que terminamos siendo campeones de Primera División. Recuerdo que en aquella ocasión fue la primera vez que escuché la fábula de la competencia de leñadores que concluye con la enseñanza de la importancia de “afilar el hacha”, una frase que a partir de ese momento nos acompañó durante el año, y que todavía hoy se escucha de vez en cuando entre los jugadores del Club. Si googlean la frase, van a encontrar varias versiones de esa fábula. La enseñanza no cambia, y aplica a cualquier ámbito de la vida.
Volviendo al podcast: toda la conversación me resulta interesante y de referencia en manejo de grupos y liderazgo. Grande no escatima en anécdotas para explicar conceptos como la diferencia entre un grupo y un equipo, la importancia de definir un objetivo o lo relevante de elegir los momentos para decir determinadas cosas. Habla del impacto que puede tener pensar que ganaste antes de tiempo -y más todavía de transmitirlo-. Hay una anécdota espectacular de Copa Davis al respecto.
También se detiene en la trascendencia de proponerse entender a fondo la complejidad de una situación antes de tomar decisiones, y de la importancia de entender que el error forma parte del juego. Que el foco tiene que estar en lo que viene, incluso cuando lo que precede es un acierto y no un error.
Pero tal vez el mensaje que más me llamó la atención fue el siguiente: «no conozco una persona destacada en lo que hace que no tenga un cierto grado de locura. Uno tiene que estar un poco loco.»
Leído aisladamente, puede parecer cuando menos exagerado. Pero en el contexto en el que lo plantea Grande, tiene todo el sentido. Más aún, la evidencia lo respalda. Si no, pregúntenles a los Teros del Mundial 2019. O a Aníbal Lavandeira, de quien escribí en la edición 20 de la revista, justamente haciendo referencia a su aparente locura.
Son personas que lograron resultados extraordinarios por tener la locura suficiente para animarse a intentarlo.
A juzgar por los resultados, los verdaderos locos somos los que pensábamos que no era posible lograr lo que esos «locos» terminaron logrando.
En definitiva, es un podcast que me encanta. Por sus mensajes, porque comulgo con mucho de lo que dice y porque me recuerda lo privilegiados que somos de tener la posibilidad de conocer personas tan especiales simplemente por compartir la práctica de un deporte.


